Columna de opinión de Leonardo Loureiro, VP Global Markets de Cuti, en Revista Somos Uruguay.

Es un sector de la economía de más de USD 1.100 millones de facturación, cuenta con más de 13.000 personas empleadas directamente y es la única industria del país, en la actualidad, que puede crecer exponencialmente.

 

Hoy cada vez que se vende una tonelada de carne a cualquier país, se le puede asegurar al comprador de qué corte viene la carne, por lo cual se puede saber dónde nació y cómo se movió por el país el ganado. Esto es posible, entre otras cosas, porque existe un sistema informático que permite llevar el registro de todos los bovinos que nacen en el país, cómo se mueven, en dónde se venden, quién los tiene, etc. Sistema que fue desarrollado por un consorcio de tres empresas nacionales, socias de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (Cuti), integrantes de este sector de la economía como es el de las TIC. Solución que, por otra parte, desde su puesta en producción en 2006, es única a nivel mundial, ya que no hay una solución de cobertura nacional en otro país que permita contar con trazabilidad individual del ganado vacuno.

 

Todas las empresas que trabajan en comercio exterior seguramente interactúan con un sistema que se llama Lucía, de la Dirección Nacional de Aduanas, sistema creado desde su origen y concepción por una empresa socia de Cuti, la cual luego ha implementado la solución de adunas en otros países, compitiendo solo con pocas soluciones en su rubro.

 

Hoy la industria de tecnologías de la información factura más de 1.100 millones de dólares y exporta cerca de 300, a más de 52 países, siendo el principal destino de sus exportaciones el mercado de los Estados Unidos.

 

Vamos a seguir enumerando casos particulares, pero van a ir siendo contextualizados en el tiempo, porque una industria como la de las tecnologías de la información no se creó de la nada, sino que surgió de la visión de algunos empresarios, académicos y gobernantes que en su momento apostaron a la tecnología.

 

Para poder explicar cómo llegamos, me voy a remontar al año 1968 cuando llegaba al Uruguay la primera computadora de alto rendimiento, una IBM 360 Modelo 44 (tenía 128 KB de RAM, que hoy supera ampliamente cualquier celular), que implicó una inversión equivalente a USD 4 millones de hoy, decisión que fue tomada por el rector de la Universidad de la República (UdelaR), Ing. Oscar Maggiolo, que veía las posibilidades que tenía la máquina para cálculos complejos, así como por el planteo que habían hecho desde el Instituto de Matemática, Rafael Laguardia, y desde el Centro de Computación de la Universidad de la República (CCUR), el Ing. Jorge Vidart. Con esta computadora se pueden hacer cálculos hidráulicos para UTE, ayudar a procesar el censo, etc. Para tener clara la dimensión de la decisión, es como si ahora el Uruguay decidiera la compra de una computadora cuántica.

 

Esta computadora se considera un hito de inicio de las carreras de computación en la UdelaR, la pasión y la euforia es prontamente cortada por el proceso militar, que pone freno al uso de la computadora y, además, pone un cupo al ingreso de estudiantes a estas carreras.

 

En 1985, con el retorno a la democracia, se liberan los cupos de 200 estudiantes por año a 1.200, lo cual impacta totalmente en las carreras informáticas, pasa por primera vez a ser la mitad de los ingresos de la Facultad de Ingeniería. No había docentes porque la mayoría se habían ido del país, los propios estudiantes se arman grupos de autoevaluación, van más allá del cogobierno y son parte del proceso de cambio. El Ing. Juan José Cabezas toma la dirección del Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería y se comienza con una renovación total de los planes de estudio, se logra que vengan varios docentes del extranjero y se comienza a armar un plantel de calidad con muchos conocimientos nuevos traídos del extranjero, pasando a contar con una carrera de Ciencias de la Computación, lo cual da un conocimiento de base muy bueno que luego será el sustento de la creación de la industria.

 

Al mismo tiempo, se pasa de egresar unos pocos Ingenieros a egresar muchos más y, además, una cantidad muy importante de Analistas Programadores con una fuerte base matemática. Esto hace que las fuentes laborales tradicionales, Estado, sector financiero y grandes empresas, rápidamente cubran sus necesidades y, por ende, comiencen a crearse pequeños emprendimientos que constituyen una incipiente industria de software.

 

En 1987 se crea el Tablero de Indicadores de la Presidencia; en 1988 surge la semilla de soluciones como la de Bantotal (software de gestión bancaria que comienzan a usar varios bancos en Uruguay y la región); en 1989 de funda Artech, empresa que comienza la comercialización y desarrollo de GeneXus, software que revolucionará la industria; en ese mismo año se funda la Cámara Uruguaya de Software que luego se transformará en Cuti. Y así comienzan a fundarse varias empresas en esos años.

 

La UdelaR sigue recibiendo muchas inscripciones y la industria sigue acogiendo a todos los egresados, el mercado nacional comienza a quedar pequeño y las empresas comienzan a animarse a salir al exterior, primero y lo más natural es Argentina, para luego seguir con otros países de Latinoamérica. Por ahora son exportaciones incipientes, pero es el inicio de un camino de exportaciones que va a ir creciendo año a año.

 

Comienzan a surgir casos paradigmáticos, que conjugan la osadía de algunos gobernantes con el conocimiento de algunas empresas, y es así que en 1996 se procesa por primera vez en el mundo un censo de población y vivienda con tecnología de reconocimiento óptico de textos manuscritos por la creación de una solución que hoy ha sido utilizada por varios países como Chile, Costa Rica y República Dominicana, entre otros.

 

Otro hito importante es en el año 2002, el Ec. Luis Stolovich lidera un proyecto de Cuti, financiado por el BID, que se llamó Programa de Apoyo al Sector del Software. En plena crisis financiera, el sector decide llevar adelante este proyecto, aun en medio de la situación económica, que coloca en la agenda de las empresas del sector tres temas muy importantes: internacionalización, comercialización de tecnología y calidad de software, lo que permitió que muchas empresas comenzaran a explorar mercados internacionales, mejoraran sus procesos de venta y lograran construir software con la calidad que el mercado nacional e internacional demandaban.

 

Todo esto produce un incremento notorio de las exportaciones pasando a crecer después de 2004 a tasas del 20% anual, comenzando un enlentecimiento en el año 2012 que llega hasta esta época.

 

Al mismo tiempo, hay algunos cambios importantes en el país, se crea el Plan Ceibal, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (AGESIC), tres dependencias que crean una nueva plataforma para el desarrollo de la industria. Por ejemplo, el sector es uno de los mayores consumidores de los instrumentos de la ANII, siendo claramente uno de los más innovadores y dinámicos.

 

Hoy nos encontramos con el desafío de crecer mucho más, que definitivamente la industria de tecnologías de la información se transforme en uno de los principales sectores de la economía del Uruguay. El trabajo conjunto entre los distintos actores, gobierno, universidades y el sector privado, son fundamentales para que el crecimiento del sector vuelva a ser exponencial. Hay nuevos mecanismos que es necesario explorar, por ejemplo, que el Estado done a otros países las soluciones tecnológicas únicas que se están desarrollando, lo que permitiría generar nuevos negocios para el sector, entre otros, ese es el desafío al cual nos enfrentamos.

 

Fuente: Revista Somos Uruguay Ed. Marzo 2017