Los impactos son múltiples, pero se centraron en dos aristas.

Ayer, el área de Servicios Económicos de la consultora PWC realizó una conferencia que abarcó dos ángulos de las “importantes” transformaciones que se están dando en el marco de la cuarta revolución industrial: el mercado de trabajo y el consumidor.

 

Las revoluciones se caracterizan por ser desordenadas y suceder a velocidad acelerada. Si bien muchas se han podido delimitar –en algunos casos, posteriormente– en espacio y tiempo, en el caso de la cuarta revolución industrial se percibe una superposición con la tercera, pero se intuye que se trata de dos procesos distintos.

 

La tercera se caracterizó por el uso de la electrónica y de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para automatizar la producción, y la cuarta se construye sobre esta en distintos ejes: las fábricas inteligentes, la robótica, el big data y la internet de las cosas, entre otros. “Pero es importante establecer que no se considera una prolongación de la anterior, sino una distinta, por tres razones: la velocidad, el alcance y el impacto de los sistemas”, afirmó Matilde Morales, encargada de la presentación.

 

“Hasta ahora, el progreso tecnológico se había limitado básicamente a la mecanización de las tareas manuales, que requerían trabajo físico, y ahora la automatización pasó a abarcar no sólo los movimientos, sino también los conocimientos; eso implica cambios en la forma en que vivimos, consumimos, trabajamos y nos relacionamos”, agregó.

 

Trabajo

 

Existen tres tipos de inteligencia artificial: la asistida –ya muy difundida–, que mejora lo que la empresa o persona ya está haciendo; la aumentada –emergente–, que posibilita hacer cosas que no serían posibles de otra manera, y la autónoma –incipiente–, en la que las máquinas actúan por su cuenta. “Es esta última la que hizo que creciera el temor entre las personas por su empleo”, afirmó la economista.

 

De acuerdo a una encuesta realizada este año por PWC a 10.000 personas de China, Alemania, India, Reino Unido y Estados Unidos, 37% de los encuestados está actualmente preocupado por la posibilidad de perder su trabajo por la automatización. Para la consultora, esta preocupación “tiene sus fundamentos”: “El porcentaje de empleos en riesgo es mayor a un quinto en todos los casos”.

 

Pero la incertidumbre no es pareja entre sectores; rubros como alojamientos y restaurantes, industria y transporte y almacenamiento cuentan con mayores riesgos de automatización, de 66%, 64% y 60% del total de los puestos de trabajo. El sector primario, con menor proporción (50%), es, sin embargo, el de mayor incidencia: casi 320 millones de trabajos a nivel mundial podrían ser sustituidos.

 

Bajando al caso uruguayo, un reciente estudio de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto mostró que 65% de las ocupaciones locales corren el riesgo de ser automatizadas, “aunque es importante destacar que en este no se tuvo en cuenta si la tecnología que los sustituiría se podría llegar a adquirir o si, efectivamente, resultaría rentable hacerlo”, acotó Morales.

 

Es cierto que muchos contemplan como amenaza el avance de la tecnología, pero también hay quienes esperan que con los nuevos avances aparezcan nuevas profesiones. “73% de las personas cree que la tecnología nunca va a reemplazar a la mente humana, que puede hacer un desplazamiento de tareas o puestos, pero no una sustitución total”, contó Morales.

 

“La opción frente a esto es la adaptación”, dijo la economista, y sugirió que trabajadores, empresariado y gobierno “trabajen en conjunto para adaptarse a esta nueva realidad”. En este sentido, consideró que a los trabajadores les correspondería planear su futuro, pensar su inserción y las capacidades que esto requiere. “No sólo se necesita saber de ciencia y tecnología, sino que también se deben adquirir otras habilidades: de gestión, capacidad de adaptación, de innovación, mentalidad emprendedora, colaborativa y creatividad”, afirmó. En tanto, sostuvo que los gobiernos deberían “acompañarlos” con políticas educativas y laborales adecuadas, “protegiendo a los sectores más vulnerables”, promoviendo empleo en otras áreas y viabilizando el cambio de la regulación siguiendo a países pioneros como Alemania, Francia, España, China y Corea del Sur. Sobre las empresas, consideró que si bien “pueden no estar comprometidas con un puesto de trabajo que la tecnología dejó obsoleto, sí deberían tener un compromiso con los empleados, para ayudarlos a adaptarse y reinsertarse”.

 

“El nuevo consumidor”

 

Para Morales, el impacto “más obvio” de la cuarta revolución industrial se da sobre el consumo: “cada vez son más los que eligen realizar sus compras por vía electrónica en vez de ir a la tienda”. Amazon, uno de los cinco “gigantes” de la tecnología, sirve para ilustrarlo. De acuerdo a la última encuesta de comercio al por menor desarrollada por PWC este año entre 24.000 consumidores distribuidos por todo el mundo, 56% de los encuestados realizó una compra mediante la empresa estadounidense en el último mes y 39% dijo que las redes sociales fueron la principal razón para realizar la compra.

 

Si bien el uso de internet se ha popularizado entre los consumidores, por lo general se utiliza más como herramienta de búsqueda que de compra, y la importancia del comercio electrónico no es igual en todas las categorías de productos: libros, películas y videojuegos son los que más se investigan y compran online –por encima de 60% de los casos–. Por otro lado, Morales destacó el papel de los smartphones y la tendencia creciente de su popularidad como dispositivo de compra.

 

En Uruguay los consumidores parecen seguir por el mismo camino. De acuerdo al procesamiento de la consultora de los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística, el uso de internet pasó de 41% de los habitantes en 2008 a 71% el año pasado, lo que, “dado el crecimiento de la población, implicó que se duplicara el número de usuarios, pasando de 1,1 a 2,2 millones de personas”. De acuerdo al análisis, hombres y mujeres la utilizan por igual; la mitad de los usuarios tienen menos de 31 años, aunque cada vez más se populariza el uso entre mayores de 60 años.

 

Si bien la mayoría la utiliza para buscar información (90%), comunicarse (88%) y para entretenimiento (83%), “lo que se destaca es el crecimiento en la cantidad de usuarios para servicios financieros y para la compra, que se cuadruplicó entre 2008 y 2016”, concluyó Morales, proyectando un incremento de esta tendencia en el futuro próximo.

 

 

Fuente: La Diaria