La segunda Semana de la Industria, organizada por el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), durará hasta el viernes; ayer comenzó con una charla sobre “La educación del futuro”.

Hubo tres presentaciones que tuvieron como temas la robotización, sus efectos en el mundo del trabajo y los cambios que esto implica en la educación.

 

Juan Valle Lisboa, licenciado en Bioquímica, doctor en Ciencias Biológicas y profesor del Centro de Investigación Básica de la Facultad de Psicología, presentó “Hombres y máquinas: entre la competencia y la cooperación en el nicho cognitivo”, en la que dejó planteadas algunas claves para evitar la “exclusión competitiva” entre los humanos y la inteligencia artificial, trasladando una figura desde la biología. Resumió que “el secreto de las máquinas es estadística profunda y muchos datos”, y consideró que el problema de la inteligencia artificial es que “está llegando a un tope”, en el sentido de que “nuestro cerebro es bastante más complejo que una red neuronal”. Aseguró que los humanos debemos encontrar aquello que “nos hace distintivos”. “¿Qué es mejor para un hijo, que estudie [bachillerato] Artístico o que estudie Medicina? Veo más fácil hacer una máquina que pueda diagnosticar a una persona, que hacer un buen libreto para una telenovela que pase en Netflix, para poner un ejemplo”. En esa línea de complementación, planteó que la inteligencia artificial puede ser especialista y los humanos podemos ser generalistas, “en el sentido de tener la flexibilidad suficiente para ir abarcando los problemas que tenemos que abarcar”. Aseguró que los humanos “tenemos la sartén por el mango”, para “diseñar las inteligencias artificiales de manera de que podamos cooperar y no competir”, y señaló, citando a Luciano Floridi, que “la inteligencia artificial es posible, pero es muy improbable,” y es necesario discutir “cosas concretas” antes, como el problema de la gente que se queda sin trabajo por la automatización. Valeria Fratocchi, psicóloga e investigadora de la Universidad de Montevideo, presentó los resultados de una investigación de 2016 que evaluó qué trabajos corren riesgo alto de ser sustituibles por máquinas en Uruguay. En total, 54% de los puestos de trabajo tienen riesgos de desaparecer con la automatización en los próximos 15 a 20 años; en el sector primario el porcentaje se eleva a 80%, en la industria se verían afectados 75% de los puestos laborales, 70% del área de comercio y 38% en el área servicios. Enumeró algunos “factores de protección” de los trabajos: la capacidad de percepción y manipulación de objetos que requieren destreza y habilidad motriz; la capacidad creativa y resolutiva y la posibilidad de crear propuestas con valor agregado; y la inteligencia social. Sin embargo, también marcó algunos problemas; por ejemplo, comparó cómo se valora hoy el trabajo de una enfermera, que tiene un puesto con 0% de probabilidades de ser sustituible, con el de una empleada bancaria, cuyas tareas tienen 98% de posibilidades de ser sustituidas por máquinas: la enfermera gana alrededor de 27.000 pesos, mientras que la empleada bancaria gana 110.000.

 

Por su parte, Gustavo de Elorza, argentino licenciado en Tecnología Educativa, planteó que es necesario transformar el modelo educativo “memorístico, repetitivo y tradicional” para atender las nuevas necesidades del siglo XXI. En particular enfatizó la disrupción que generaron las tecnologías de la información y la comunicación, y la conectividad. Aseguró que se debe apuntar a un modelo de desarrollo de habilidades y competencias, en base a un modelo “neuro, tecno, pedagógico, cognitivo y digital”.

 

 

 

Fuente: La Diaria