La plataforma conecta a los propietarios de embarcaciones con quienes buscan tener experiencias náuticas

Termina su jornada laboral y la tarde veraniega le da el impulso para salir a caminar unos kilómetros por la rambla montevideana. Sobre el Río de la Plata ve varios veleros e inmediatamente aparece una fugaz pelea entre los dos hemisferios de su cerebro: el derecho hace que por un instante le invadan las ganas de estar en alguno de ellos, no importa en cuál. Enseguida las domina gracias a que el izquierdo le recuerda que las posibilidades reales de navegar ese día, en ese momento, son prácticamente nulas. Vuelve la cabeza hacia el frente y sigue su caminata.

 

Es probable que si no se tiene una embarcación ni un conocido que la tenga, haya sentido eso alguna vez.

 

En un momento en la que la economía colaborativa se expande a rubros inimaginables, dos uruguayos encontraron la forma de que cualquier persona, aunque no tenga entre sus planes comprarse una embarcación, pueda cambiar su rutina o dar un toque diferente a sus vacaciones saliendo a navegar o a realizar cualquier tipo de actividad náutica.

 

El fin de semana pasado, Emiliano Bar (32) y Daniel Cleffi (34) lanzaron en todo Uruguay y Argentina Popey –Popeye en inglés–, con la intención de que disfrutar de la navegación esté al alcance de todos. En conversación con Café & Negocios, Bar explicó que Popey es una especie de Airbnb de las embarcaciones. Se trata de una plataforma –tanto web como móvil– que consiste en unir a propietarios de embarcaciones con personas que buscan tener experiencias náuticas en cualquier tipo de embarcación, desde un yate hasta una moto de agua o tabla de surf. Ya se puede alquilar a través de la web -que en celulares funciona como app-, mientras que la aplicación estará disponible para iOS y Android en los próximos días.

 

Haberse enfocado en ese rubro en particular estuvo lejos de ser algo casual. Los emprendedores se conocen hace diez años y por distintas razones han estado siempre vinculados con la náutica. Bar contó que "nació arriba de un barco", ya que sus padres vivieron en un velero durante sus primeros meses de vida. Cleffi, en tanto, fue oficial de la Marina y proviene de familia de marineros. A eso se le suma que ambos emprenden juntos hace años. Llevan adelante Vino a Casa (club de vinos) y mimascotadelivery.com, un delivery de alimentos para mascotas.

 

El primer paso fue validarla con propietarios de embarcaciones y clubes náuticos, quienes vieron en la idea una oportunidad de dar difusión a la actividad en Uruguay. Luego fueron por la validación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y recibieron el capital inicial de US$ 5 mil que sirvió para comprobar la viabilidad y escalabilidad del proyecto. Recibieron apoyo por parte de un inversor local y en diciembre obtuvieron el capital semilla de la ANII de US$ 25 mil.

 

Además, Popey está incubado en Sinergia. Bar dijo que el capital recibido hasta entonces lo utilizaron tanto para desarrollar la parte tecnológica como para los viajes por Uruguay y Argentina, necesarios para captar a los propietarios de embarcaciones. "No había nada que reuniera las actividades náuticas hoy en día. Nada se junta, no hay plataforma que nuclee toda la oferta. En Uruguay hay clubes de remo y náuticos con mucha actividad pero no se conocen. De esta forma les damos la oportunidad a propietarios, clubes, emprendedores", dijo el fundador de Popey. Al equipo se incorporó como contador Federico Olivera, quien trabaja para Popey desde su oficina en Estados Unidos, algo que ven como estratégico para conocer ese mercado.

 

Foco en experiencias

 

Más allá de alquilar una embarcación, Popey se presenta como la manera de vivir experiencias. Por ejemplo, Bar contó que una persona que tiene tiene un barco, que lo cuida mucho y no quiere alquilarlo, puede ofrecer salir a navegar con las personas y brindar a la vez una experiencia personalizada. Además, dijo que varios surfistas –algunos reconocidos– utilizarán la plataforma para no solo alquilar sus tablas, sino también para dar clases.

 

"Lo estamos viendo como una experiencia turística. Poner en contacto a la gente y crear una comunidad de personas que buscan experiencias distintas", agregó el emprendedor.

 

Dentro de la plataforma se puede alquilar embarcaciones para utilizarlas con o sin sus propietarios. Para navegar en barcos grandes o medianos sin su dueño, se deberá contar con el permiso correspondiente (Brevet). El emprendedor comentó que están en reuniones con el Ministerio de Turismo, que busca desarrollar y hacer crecer el turismo náutico. Si bien se basaron en servicios similares a Popey utilizados en Estados Unidos, Bar subrayó que los extranjeros no dejaban de ser "fríos" y con métodos de pago poco accesibles. Respecto a eso último, Popey permitirá pagar el alquiler de la embarcación a través de Mercado Pago, que acepta tarjetas locales e internacionales, de débito o crédito.

 

Con cada propietario tienen una charla en la que recomiendan precios, formas de hacer publicidad y servicios a ofrecer. Los emprendedores se focalizarán primero en la temporada –con balnearios del este como fuerte– y al terminar se encargarán tanto de difundir la actividad como de llevar a cabo su plan de expansión. El primer destino en mente es Brasil, luego toda Latinoamérica y más adelante Estados Unidos, Oceanía y Asia.

 

Beneficios

 

Consultado acerca de la posibilidad de que el dueño de la embarcación busque –luego de generar los contactos– saltarse al intermediario, Bar dijo que si bien esa "viveza criolla" es algo que pasa, al dueño le resultará conveniente estar dentro de la plataforma, para además sacar provecho de la inversión en publicidad que realizan los emprendedores y que ya lanzaron con dos spots y publicidad en redes sociales, de la mano de la agencia Pimod.

 

"No necesita tener plata, ni cambio, ni POS. Damos la oportunidad de que se les pague previamente, de que el dinero le llegue a su cuenta bancaria, de tener calendario previo de los alquileres", dijo Bar. Los socios cobrarán 17% de comisión por alquiler de embarcación.

 

Fuente: El Observador